Cuando la factura energética sube, no siempre hace falta cambiar todos los equipos de la vivienda. En la mayoría de los hogares españoles, el ahorro empieza por ajustar la climatización, reducir las pérdidas de calor y modificar algunos hábitos diarios. Estas 20 formas de ahorrar energía combinan medidas gratuitas, pequeñas mejoras y reformas que pueden reducir el consumo sin renunciar al confort.
La mayor diferencia está en climatización, aislamiento y hábitos medibles
- 19-21 ºC en invierno suele ser suficiente para mantener el confort sin sobredimensionar la calefacción.
- Un grado de diferencia puede cambiar el consumo de climatización en torno a un 7 %.
- Los burletes, el sellado de infiltraciones y el mantenimiento de filtros ofrecen resultados con poca inversión.
- Usar lavadora, lavavajillas y secadora con cargas completas evita consumos repetidos y aprovecha mejor cada ciclo.
- Antes de hacer una reforma cara, conviene medir el consumo y localizar los puntos que más energía desperdician.

Las primeras medidas empiezan por la climatización
1. Ajustar la temperatura del termostato
En invierno, mantener la vivienda entre 19 y 21 ºC suele ofrecer un equilibrio razonable entre confort y consumo. En verano, conviene evitar temperaturas demasiado bajas y trabajar aproximadamente entre 25 y 26 ºC, siempre que la humedad y la sensación térmica lo permitan.
El IDAE señala que una variación de un grado puede suponer alrededor de un 7 % de diferencia en el consumo de climatización. En mi opinión, este es uno de los cambios más rentables porque no exige comprar nada: basta con dejar de convertir la casa en una extensión del invierno o del verano exterior.
2. Programar la calefacción y el aire acondicionado
Un termostato programable permite adaptar la temperatura a los horarios reales de la familia. Puedes bajar la calefacción durante las horas de trabajo y programarla para que se active poco antes de volver, en lugar de mantener toda la vivienda caliente o fría durante el día.
La programación funciona mejor cuando se combina con zonificación, es decir, climatizar solo las habitaciones que se utilizan. No tiene sentido calentar dormitorios vacíos o mantener encendido el aire acondicionado en toda la casa si la vida diaria se concentra en el salón.
3. Limpiar los filtros y revisar los equipos
Los filtros sucios obligan al aire acondicionado y a las bombas de calor a trabajar durante más tiempo para mover el mismo volumen de aire. Una limpieza cada pocas semanas durante los periodos de uso intenso mejora el caudal y reduce el esfuerzo del equipo.
También conviene revisar radiadores, calderas y conductos antes de la temporada de frío. Una revisión preventiva puede detectar presión incorrecta, aire en el circuito, suciedad o pérdidas que aumentan el consumo y reducen la vida útil de la instalación.
4. Ventilar durante poco tiempo y en el momento adecuado
Para renovar el aire no hace falta dejar las ventanas abiertas durante horas. En invierno, una ventilación cruzada de 5 a 10 minutos suele ser suficiente en muchas viviendas, especialmente si se abren dos ventanas opuestas y se apaga la calefacción durante ese intervalo.
En verano, ventila a primera hora de la mañana o por la noche, cuando el aire exterior es más fresco. Durante las horas de mayor calor, cerrar persianas y ventanas ayuda a que el aire acondicionado no tenga que compensar continuamente la entrada de calor.
5. Sellar rendijas y puntos de infiltración
Las juntas de ventanas, puertas, cajas de persiana y encuentros entre pared y marco pueden dejar pasar aire frío o caliente. Los burletes de espuma o silicona suelen costar entre 5 y 20 euros por ventana, según el sistema y la superficie que haya que cubrir.
Antes de sustituir todas las ventanas, yo revisaría primero estos puntos baratos. Si notas una corriente de aire cerca del marco o ves movimiento en una cortina con la ventana cerrada, probablemente exista una infiltración fácil de corregir.
Cómo reducir el gasto de agua caliente y electrodomésticos
6. Instalar reductores de caudal en grifos y duchas
Los aireadores mezclan el agua con aire y permiten mantener una sensación de caudal adecuada utilizando menos litros por minuto. En la ducha, un cabezal eficiente puede reducir el consumo de agua caliente sin obligarte a ducharte con un hilo de agua.
La energía se ahorra porque hay menos agua que calentar. Esta medida suele tener un coste de 5 a 30 euros por punto y resulta especialmente interesante en hogares donde se utiliza mucho el termo eléctrico.
7. Ajustar la temperatura del agua caliente
Configurar el termo o la caldera a una temperatura excesiva provoca pérdidas y obliga a mezclar después el agua con agua fría. Como referencia general, muchos sistemas pueden funcionar alrededor de 50-60 ºC, aunque el ajuste final depende del equipo, del sistema de acumulación y de las indicaciones del fabricante.
No conviene modificar a ciegas una instalación comunitaria ni una caldera que requiera una configuración específica. La prioridad es evitar temperaturas innecesariamente altas y asegurar siempre las condiciones higiénicas recomendadas para cada sistema.
8. Usar lavadora y lavavajillas con carga completa
La mayor parte de la energía de una lavadora se emplea en calentar el agua. Por eso, lavar a 30 ºC cuando la ropa no está muy sucia puede reducir el consumo frente a programas más calientes. El programa ecológico también suele gastar menos agua y energía, aunque dure más tiempo.
Con el lavavajillas ocurre algo parecido. Utilízalo lleno, elimina los restos sólidos sin mantener el grifo abierto y evita el secado intensivo si puedes dejar que la vajilla se seque con la puerta entreabierta.
9. Mantener el frigorífico en buenas condiciones
Una temperatura de aproximadamente 4 ºC en el frigorífico y -18 ºC en el congelador suele ser suficiente para conservar los alimentos. Bajar más la temperatura no mejora necesariamente la conservación, pero sí aumenta el trabajo del compresor.
Deja espacio para que circule el aire, limpia el polvo de la parte trasera y comprueba que las juntas cierren bien. Si aparece escarcha abundante en un congelador que no es no frost, descongelarlo puede mejorar su funcionamiento.
10. Cocinar con el recipiente y la potencia adecuados
Utiliza tapas, elige recipientes que cubran bien la zona de cocción y adapta el tamaño del fuego a la base de la olla. Una llama que sobresale por los lados o una placa demasiado potente calienta el ambiente en lugar de concentrar la energía en los alimentos.
La olla a presión reduce de forma notable el tiempo de cocción de legumbres, guisos y carnes. También puedes apagar la vitrocerámica o el horno unos minutos antes de terminar y aprovechar el calor residual, siempre que la receta lo permita.
Iluminación y consumo eléctrico sin derroches invisibles
11. Cambiar las bombillas antiguas por LED
Una bombilla LED consume mucho menos que una incandescente y puede durar miles de horas. Para sustituir una bombilla tradicional de 60 W, una LED de aproximadamente 8-10 W suele ofrecer una iluminación similar, aunque conviene revisar lúmenes y temperatura de color.
No hace falta cambiar todas las lámparas el mismo día. Empieza por las estancias donde la luz permanece encendida más horas, como cocina, salón, pasillos y zonas de trabajo. Ahí se recupera antes la pequeña inversión, normalmente de 3 a 10 euros por bombilla.
12. Aprovechar la luz natural y apagar por zonas
Mantén despejadas las ventanas, utiliza colores claros en paredes y coloca los puestos de trabajo cerca de la entrada de luz. Una lámpara encendida todo el día en una habitación con buena iluminación natural es un consumo pequeño, pero repetido muchas horas acaba sumando.
Instalar sensores de presencia en pasillos, trasteros o baños puede ser útil cuando las luces suelen quedarse encendidas. En las zonas de uso frecuente, un interruptor accesible suele ser suficiente y resulta más barato.
13. Eliminar el consumo en espera
Televisores, equipos de sonido, impresoras y cargadores pueden seguir consumiendo cuando parecen apagados. El consumo individual es reducido, pero varios aparatos conectados durante todo el año forman una carga constante.
Una regleta con interruptor permite desconectar varios dispositivos de una vez. Las regletas inteligentes o enchufes programables, que suelen costar entre 10 y 25 euros, tienen sentido para equipos que permanecen muchas horas sin utilizarse.
14. Elegir electrodomésticos eficientes
La etiqueta energética europea facilita comparar frigoríficos, lavadoras, lavavajillas y otros aparatos. No mires solo la letra: revisa también el consumo anual en kWh, la capacidad y el programa con el que se ha calculado el dato.
Comprar el aparato más eficiente no siempre es la opción más barata si la diferencia de precio tarda muchos años en recuperarse. Yo compararía el consumo estimado durante diez años, el precio de compra y la frecuencia de uso antes de decidir.
15. Secar la ropa sin abusar de la secadora
La secadora es cómoda, pero consume bastante más que tender la ropa al aire. Siempre que el clima y el espacio lo permitan, centrifuga bien la ropa y utiliza un tendedero en una zona ventilada, evitando colocar prendas sobre radiadores porque dificultan la distribución del calor.
Cuando necesites usar la secadora, limpia el filtro, no la sobrecargues y selecciona el programa adecuado. Una carga demasiado grande tarda más y puede dejar la ropa húmeda, obligándote a repetir el ciclo.
Reformas que reducen el consumo durante años
16. Mejorar el aislamiento de paredes, cubierta y suelo
El aislamiento térmico reduce la entrada de calor en verano y la pérdida de calor en invierno. En una vivienda unifamiliar, revisar la cubierta puede ser prioritario; en un piso, las fachadas, los encuentros con terrazas y los cerramientos suelen tener más importancia.
No existe un ahorro universal porque depende de la orientación, el clima, la superficie y el estado actual del edificio. Aun así, una actuación bien diseñada puede mejorar mucho el confort y reducir la necesidad de encender la climatización.
17. Sustituir ventanas cuando realmente lo necesitan
Las ventanas con vidrio bajo emisivo y marcos con rotura de puente térmico reducen las pérdidas frente a cerramientos antiguos. El vidrio bajo emisivo incorpora una capa que limita el intercambio de calor sin impedir el paso de la luz.
El coste puede situarse aproximadamente entre 300 y 900 euros por ventana, aunque cambia mucho según tamaño, material, persiana y complejidad de la obra. Si el presupuesto es limitado, empieza por las ventanas de dormitorios y salones con peor orientación o más horas de exposición.
18. Usar persianas, toldos y protecciones solares
En verano, evitar que el sol entre por el vidrio suele ser más eficaz que intentar enfriar después una habitación recalentada. Toldos, persianas exteriores, lamas y cortinas térmicas pueden reducir la carga que soporta el aire acondicionado.
La protección exterior suele funcionar mejor porque detiene parte de la radiación antes de que atraviese la ventana. En invierno, abre las persianas durante las horas soleadas para aprovechar las ganancias solares y ciérralas al anochecer.
19. Valorar el autoconsumo fotovoltaico
Los paneles solares pueden cubrir una parte del consumo eléctrico de la vivienda y reducir la dependencia de la red. El resultado depende de la orientación, las sombras, la potencia instalada y, sobre todo, de que el hogar consuma electricidad durante las horas de producción.
Una instalación residencial puede requerir varios miles de euros, por lo que conviene pedir presupuestos detallados y calcular el periodo de amortización con el consumo real. El autoconsumo funciona mejor cuando se combina con programaciones de lavadora, lavavajillas, termo y recarga de vehículos durante las horas solares.
Lee también: Aire acondicionado con preinstalación - qué equipos encajan
20. Medir el consumo antes de reformar
Un medidor de enchufe, la información del contador inteligente y una revisión de las facturas ayudan a descubrir qué equipos consumen más. Anota durante una semana cuándo se utiliza la calefacción, el aire acondicionado, el termo y los electrodomésticos principales.
Con esos datos puedes distinguir entre una vivienda que necesita aislamiento y otra en la que el problema está en un termo sobredimensionado, una tarifa mal ajustada o un equipo antiguo. Medir primero evita gastar dinero en reformas que no atacan la causa principal.
Un plan sencillo para empezar sin gastar de más
Yo empezaría por las medidas gratuitas: ajustar temperaturas, programar horarios, ventilar correctamente, apagar el modo de espera y aprovechar la luz natural. Después pasaría a los cambios baratos, como burletes, LED, aireadores y regletas, y solo entonces estudiaría ventanas, aislamiento o placas solares.
También conviene comparar el consumo mensual antes y después de cada grupo de cambios. Si la factura baja, sabrás qué medidas funcionan realmente en tu vivienda y podrás reinvertir el ahorro en la siguiente mejora, manteniendo el confort con menos energía y menos gasto a largo plazo.