Elegir una bomba de calor de 8, 12 o 16 kW no debería depender solo de los metros cuadrados de la vivienda. El cálculo de aerotermia debe relacionar las pérdidas térmicas, la zona climática, el aislamiento, los emisores y el agua caliente sanitaria para evitar una instalación insuficiente o sobredimensionada. Aquí explico cómo hacer una primera estimación, qué datos necesita el instalador y qué cifras conviene revisar antes de aceptar un presupuesto.
La potencia correcta depende más de la demanda que de los metros cuadrados
- La carga térmica mide el calor que pierde la vivienda en las condiciones más desfavorables.
- La regla de los 30 a 100 W/m² solo sirve como orientación inicial, no como proyecto definitivo.
- Una vivienda de 120 m² bien aislada puede necesitar aproximadamente 5-7 kW para calefacción, según su ubicación.
- El suelo radiante trabaja a menor temperatura y suele favorecer un mejor rendimiento que los radiadores tradicionales.
- El consumo aproximado se estima dividiendo la demanda térmica anual entre el SCOP del equipo.

Qué se calcula realmente al dimensionar la aerotermia
Cuando hablo de dimensionar una instalación, no me refiero únicamente a escoger una máquina con más o menos kilovatios. Hay que calcular la potencia térmica necesaria para mantener la temperatura interior cuando fuera se alcanza la temperatura exterior de diseño de la zona.
Ese cálculo contempla calefacción, refrigeración y, cuando corresponde, producción de agua caliente sanitaria. El Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios, conocido como RITE, exige que las instalaciones fijas de climatización y ACS se diseñen de acuerdo con las necesidades reales del edificio.
La potencia de calefacción y la de refrigeración no tienen por qué coincidir. Una vivienda puede perder mucho calor en invierno y, sin embargo, tener una demanda de frío moderada si cuenta con buena protección solar. Por eso no recomiendo elegir el equipo tomando como referencia solo la potencia máxima de otro sistema.
La carga térmica de la vivienda
La carga térmica representa la energía que hay que aportar para compensar las pérdidas por fachadas, cubiertas, ventanas, suelos, puentes térmicos y ventilación. En verano también se suman la radiación solar, las personas, los electrodomésticos y el calor que entra por los acristalamientos.
Como orientación muy general, una vivienda puede situarse entre 30 y 50 W/m² si está bien aislada, entre 50 y 75 W/m² con un aislamiento medio y por encima de 80 W/m² si es antigua o tiene una envolvente deficiente. Estos valores ayudan a detectar presupuestos extraños, pero no sustituyen un cálculo técnico.
Qué datos hacen falta para obtener una cifra fiable
Para una primera estimación suelo pedir seis datos. Si faltan, cualquier resultado debe tomarse como provisional, porque dos viviendas con la misma superficie pueden necesitar potencias muy diferentes.
- Superficie y altura de cada estancia climatizada.
- Localidad y zona climática, ya que no exige lo mismo una vivienda de Málaga que una de Burgos.
- Orientación, número de fachadas expuestas y si la vivienda es intermedia, ático o planta baja.
- Calidad del aislamiento, tipo de ventanas y presencia de puentes térmicos.
- Emisores disponibles, como suelo radiante, radiadores, fancoils o splits.
- Número de habitantes y consumo previsto de ACS.
También importa la temperatura que se desea mantener. Diseñar para 21 ºC en calefacción no produce el mismo resultado que exigir 23 ºC, y en refrigeración ocurre algo parecido. Cada grado adicional puede aumentar de forma apreciable la demanda, especialmente en una casa con aislamiento mediocre.
La temperatura de impulsión cambia el resultado
La temperatura de impulsión es la temperatura del agua que sale de la bomba de calor hacia los emisores. El suelo radiante suele trabajar aproximadamente entre 30 y 40 ºC, mientras que algunos radiadores antiguos pueden exigir 55 o 60 ºC.
Cuanto menor sea esa temperatura, mejor suele ser el rendimiento estacional. Por eso una máquina que funciona muy bien con suelo radiante puede perder eficiencia al conectarse a radiadores pequeños diseñados para una caldera convencional. En una reforma, comprobar este punto es tan importante como elegir la marca del equipo.
Cómo hacer una estimación paso a paso
Para una orientación inicial puede utilizarse esta fórmula sencilla:
Potencia de calefacción en kW = superficie en m² × demanda estimada en W/m² ÷ 1.000
Imaginemos una vivienda de 120 m² situada en una zona de invierno moderado, con aislamiento correcto y suelo radiante. Si usamos una demanda orientativa de 50 W/m², el resultado sería:
120 × 50 ÷ 1.000 = 6 kW
Esos 6 kW representan una aproximación para calefacción. No significa que haya que instalar automáticamente una máquina de 6 kW. Hay que revisar la potencia real que entrega el modelo a la temperatura exterior de diseño, la capacidad de modulación, la necesidad de refrigeración y la producción de ACS.
| Tipo de vivienda | Demanda orientativa | Potencia aproximada para 120 m² |
|---|---|---|
| Bien aislada y en clima suave | 30-45 W/m² | 3,6-5,4 kW |
| Aislamiento medio | 50-70 W/m² | 6-8,4 kW |
| Vivienda antigua o clima frío | 80-100 W/m² | 9,6-12 kW |
La tabla es útil para orientarse, pero no para cerrar una compra. Un cálculo profesional puede dar una cifra distinta porque analiza cada cerramiento y cada habitación. En mi experiencia, es preferible una potencia algo más ajustada y bien modulada que una máquina enorme que arranca y se detiene continuamente.
El agua caliente sanitaria se calcula aparte
El depósito de ACS no se dimensiona aplicando simplemente más kilovatios por metro cuadrado. Depende sobre todo del número de personas, los hábitos de consumo y la temperatura de acumulación. Para una vivienda habitual de dos o tres personas suele estudiarse un acumulador de aproximadamente 150 a 200 litros; para cuatro personas, con frecuencia se valoran 200-300 litros.
La potencia necesaria para recuperar la temperatura del depósito puede coincidir parcialmente con la demanda de calefacción. Por eso no siempre hay que sumar ambas potencias de forma directa. El instalador debe comprobar la simultaneidad, la prioridad del ACS y el tiempo de recuperación que ofrece el equipo.
Cómo elegir la potencia sin sobredimensionar el equipo
Una bomba de calor demasiado pequeña puede necesitar apoyo eléctrico en los días fríos y no alcanzar la temperatura deseada. Una demasiado grande tampoco es una solución perfecta: cuesta más, puede trabajar con ciclos cortos y pierde eficiencia cuando la demanda real es baja.
La ficha técnica debe indicar la potencia entregada en condiciones comparables a las de la vivienda. No basta con leer “12 kW” en el nombre comercial. Hay que revisar la potencia a temperaturas exteriores como 7 ºC, 2 ºC o -7 ºC, junto con la temperatura de impulsión correspondiente.
Suelo radiante, radiadores y fancoils
| Emisor | Temperatura habitual | Qué implica |
|---|---|---|
| Suelo radiante | 30-40 ºC | Muy favorable para el rendimiento y el confort uniforme. |
| Radiadores de baja temperatura | 35-50 ºC | Funcionan bien si están correctamente calculados. |
| Radiadores antiguos | 50-65 ºC | Pueden reducir el rendimiento y exigir más potencia. |
| Fancoils | 30-45 ºC | Permiten calefacción y refrigeración con respuesta rápida. |
Si se conservan radiadores existentes, conviene comprobar su potencia a baja temperatura. En algunos casos basta con aumentar su tamaño; en otros, resulta más práctico añadir fancoils o combinar varios emisores. No asumiría que cualquier radiador funciona igual con aerotermia, porque ahí suelen aparecer muchas decepciones.
Consumo, rendimiento y coste de la instalación
La eficiencia se expresa mediante el COP y el SCOP. El COP indica el rendimiento en una condición concreta, mientras que el SCOP refleja un rendimiento estacional más útil para estimar el consumo anual.
Una aproximación sencilla es:
Consumo eléctrico anual = demanda térmica anual ÷ SCOP
Si una vivienda necesita 12.000 kWh térmicos al año y el equipo alcanza un SCOP de 4,5, el consumo eléctrico teórico sería de unos 2.667 kWh anuales. La cifra real puede subir por desescarches, resistencia de apoyo, ACS, pérdidas del sistema, temperaturas elevadas y hábitos de uso.
En España, una instalación completa puede moverse aproximadamente entre 8.000 y 15.000 euros en una vivienda, aunque el importe cambia mucho si ya existe suelo radiante, hay que sustituir radiadores, se incorpora refrigeración o se necesita adaptar la instalación eléctrica. Las ayudas y los Certificados de Ahorro Energético pueden modificar el coste final, pero no conviene incluirlos en el presupuesto hasta confirmar que se cumplen sus condiciones.
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Errores que encarecen el resultado
- Elegir potencia aplicando únicamente una cifra fija por metro cuadrado.
- Usar el COP máximo de la publicidad en lugar del rendimiento a la temperatura real de trabajo.
- Ignorar la temperatura de impulsión que necesitan los radiadores.
- Sumar sin criterio la potencia de calefacción y la del depósito de ACS.
- No revisar el aislamiento antes de instalar una máquina mayor.
- Comparar presupuestos sin comprobar qué incluyen el depósito, la hidráulica, la puesta en marcha y la regulación.
Una mejora de aislamiento en cubierta, ventanas o cajones de persiana puede reducir la potencia necesaria y mejorar el confort. Muchas veces es más sensato invertir primero en la envolvente que compensar las pérdidas con una bomba de calor sobredimensionada.
Qué debe incluir un buen presupuesto de aerotermia
Yo desconfiaría de una oferta que solo indica marca y potencia. El documento debería mostrar la carga térmica calculada, las temperaturas de diseño, la potencia disponible en frío y calor, el volumen del acumulador de ACS y el esquema de funcionamiento.
También debe aclarar si incluye depósito de inercia, filtros, vasos de expansión, colectores, modificación del cuadro eléctrico, desagüe de condensados, legalización y puesta en marcha. Son partidas que pueden aparecer después y alterar bastante el precio inicial.
Para una vivienda nueva o una reforma integral, pediría además el cálculo por estancias. Así se puede comprobar si cada habitación recibe suficiente caudal y si los emisores están preparados para trabajar con baja temperatura. El RITE y el proyecto técnico aplicable marcan la documentación que debe acompañar a la instalación según su potencia y características.
La cifra final debe salir de la casa, no de una regla rápida
La cuenta por metros cuadrados sirve para saber si una propuesta parece razonable, pero la decisión final debe basarse en las pérdidas reales del edificio y en el modo de uso previsto. Una vivienda compacta, bien aislada y con suelo radiante puede necesitar bastante menos potencia que otra de igual tamaño situada en una esquina, con ventanas antiguas y radiadores de alta temperatura.
Antes de firmar, pediría tres cosas muy concretas: potencia útil a la temperatura exterior de diseño, rendimiento con la impulsión prevista y desglose completo de la instalación. Con esos datos es mucho más fácil comparar ofertas y evitar que el ahorro prometido dependa de una máquina mal elegida.