Una pequeña reparación puede complicarse mucho si la mezcla queda demasiado líquida, se deshace al secar o empieza a agrietarse a los pocos días. Para entender cómo hacer cemento correctamente hay que distinguir entre fabricar cemento, algo industrial, y preparar en casa una mezcla de mortero u hormigón con cemento comercial. En las siguientes líneas explico los ingredientes, las proporciones más útiles, el proceso de mezclado y los errores que conviene evitar.
La mezcla adecuada depende del trabajo que quieras realizar
- El cemento no se fabrica en casa; se utiliza como aglomerante para preparar mortero u hormigón.
- Para un mortero sencillo, una proporción habitual es 1 parte de cemento por 4 de arena.
- El hormigón necesita también grava y suele prepararse con una referencia de 1:2:3.
- Añade el agua poco a poco hasta conseguir una masa plástica, no líquida.
- La mezcla debe protegerse del sol, el viento y las heladas durante el curado.

Qué necesitas realmente para preparar una mezcla de cemento
Cuando hablamos de hacer cemento en una obra doméstica, normalmente nos referimos a preparar mortero o hormigón. El cemento es el polvo aglomerante que reacciona con el agua y une los demás materiales, pero no debe confundirse con la mezcla terminada.
El mortero se compone de cemento, arena y agua. Se utiliza para colocar ladrillos, rellenar juntas, reparar pequeños desperfectos o realizar determinados revestimientos. El hormigón añade grava o árido grueso, por lo que resulta más apropiado para soleras, pequeños dados de cimentación y elementos que necesitan mayor volumen y resistencia.
- Cemento: preferiblemente en saco cerrado, seco y sin terrones.
- Arena: limpia, sin tierra, materia orgánica ni exceso de arcilla.
- Grava: necesaria para hormigón y elegida según el tamaño de la pieza.
- Agua: limpia y apta para mezclar, sin aceites ni sales visibles.
- Aditivos: solo cuando el producto y el uso lo justifiquen.
Para trabajos pequeños utilizo siempre un mismo cubo como medida. Así mantengo la proporción sin depender de paladas, que cambian mucho según estén rasas, colmadas o húmedas. También conviene ponerse guantes, gafas y mascarilla, porque el cemento seco es irritante y su mezcla húmeda tiene una alcalinidad elevada.
Proporciones orientativas para mortero y hormigón
No existe una única receta válida para todas las aplicaciones. La cantidad de cemento, arena, grava y agua debe ajustarse al uso, al tipo de cemento y a las indicaciones del fabricante. Estas proporciones sirven como referencia para trabajos no estructurales de bricolaje y albañilería doméstica.
| Uso | Proporción orientativa | Observación |
|---|---|---|
| Mortero general | 1 cemento + 4 arena | Útil para pequeñas reparaciones y colocaciones habituales. |
| Mortero más resistente | 1 cemento + 3 arena | Consume más cemento y puede resultar menos trabajable. |
| Hormigón sencillo | 1 cemento + 2 arena + 3 grava | Adecuado como orientación para trabajos pequeños sin función estructural. |
En el mortero, el agua se añade poco a poco. Como referencia, la masa debe quedar cohesionada y poder extenderse con la llana sin que suelte agua. El exceso de agua reduce la resistencia y aumenta el riesgo de fisuras, aunque al principio haga que la mezcla parezca más cómoda de trabajar.
Para una reparación pequeña, un cubo de cemento con cuatro cubos de arena puede ser suficiente. En cambio, una losa, un pilar, una viga o una cimentación requieren un cálculo de dosificación y unas condiciones de puesta en obra que no conviene improvisar con una receta casera.
Cómo mezclar cemento paso a paso
1. Prepara y mide los materiales
Trabaja sobre una superficie limpia, una artesa o una hormigonera. Mide primero el cemento y los áridos con el mismo recipiente, y rompe los terrones de arena antes de comenzar. Si preparas hormigón, comprueba que la grava no contenga restos de tierra o barro.
2. Mezcla los componentes secos
Vierte la arena y el cemento y mézclalos hasta conseguir un color uniforme. Para hormigón, incorpora después la grava y remueve de manera que el cemento quede repartido por todos los áridos. Este paso suele marcar una diferencia mayor de la que parece: las zonas con cemento concentrado y otras pobres en aglomerante generan una mezcla irregular.
3. Añade el agua gradualmente
Haz un hueco en el centro de la mezcla y añade parte del agua. Integra el material desde los bordes hacia el centro y continúa incorporando pequeñas cantidades hasta conseguir la consistencia adecuada. No viertas toda el agua de golpe, porque luego resulta difícil corregir una masa demasiado blanda.
4. Comprueba la consistencia
El mortero debe mantenerse unido sobre la paleta, pero extenderse sin desmoronarse. Si se escurre, contiene demasiada agua; si se rompe y no se puede trabajar, necesita una pequeña cantidad adicional de agua. Yo prefiero una mezcla algo más firme y trabajable antes que una masa líquida que parezca fácil de extender y termine debilitándose.
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5. Utiliza la mezcla dentro de su tiempo de trabajo
Aplica el mortero o el hormigón mientras conserva su plasticidad. No añadas agua a una mezcla que ya ha empezado a endurecer, porque alterarás la proporción y la resistencia final. Es mejor preparar tandas pequeñas que dejar grandes cantidades inutilizadas.
Qué mezcla elegir según el trabajo
La elección depende tanto del material como del acabado que busques. Un mortero para colocar bloques no tiene exactamente las mismas exigencias que uno para rejuntar, enfoscar o reparar una esquina. Si el envase del cemento ofrece una dosificación concreta, esa indicación debe tener prioridad sobre cualquier proporción genérica.
| Trabajo | Mezcla más habitual | Qué debes controlar |
|---|---|---|
| Colocar ladrillos o bloques | Mortero de cemento y arena | Adherencia, plasticidad y juntas uniformes. |
| Reparar pequeños desconchados | Mortero fino y bien compactado | Limpiar y humedecer el soporte antes de aplicar. |
| Revestir una superficie | Mortero con arena adecuada al acabado | Evitar exceso de cemento para reducir fisuras. |
| Solera o base no estructural | Hormigón con arena y grava | Espesor, nivelación y protección durante el curado. |
En superficies muy absorbentes, humedecer ligeramente el soporte ayuda a que no robe el agua de la mezcla demasiado rápido. No debe quedar empapado ni con charcos. Para reparaciones finas, una arena bien graduada suele dar mejor acabado que una grava o arena con partículas muy grandes.
Cuando la obra tiene función estructural, está expuesta a cargas importantes o forma parte de una cimentación, no recomiendo preparar el hormigón a ojo. En esos casos es más seguro utilizar hormigón con dosificación controlada y seguir las indicaciones del proyecto o de un profesional.
Errores que debilitan el resultado
- Usar demasiada agua: facilita el extendido, pero deja una mezcla más porosa y débil.
- Medir con recipientes distintos: cambia la proporción real de los componentes.
- Emplear arena sucia: la tierra y la materia orgánica perjudican la adherencia.
- Trabajar sobre un soporte polvoriento: la mezcla se pega al polvo y no al material firme.
- Añadir cemento al final sin mezclar bien: crea zonas con distinta resistencia.
- Dejar secar demasiado rápido: el sol, el viento y las altas temperaturas favorecen las grietas.
- Preparar más cantidad de la necesaria: el material pierde trabajabilidad y se desperdicia.
El curado también cuenta. Después de colocar el mortero o el hormigón, protégelo de la lluvia intensa, el sol directo y las corrientes de aire. En condiciones normales, mantenerlo ligeramente húmedo durante al menos 7 días ayuda a que la hidratación avance correctamente, aunque la resistencia de referencia del hormigón suele valorarse a los 28 días.
La decisión que evita la mayoría de los problemas
Para una junta, una reparación o una pequeña colocación, preparar mortero con cemento comercial es sencillo si se respetan las proporciones y se controla el agua. Para una solera o un trabajo con grava, la mezcla pasa a ser hormigón y exige más atención al espesor, la compactación y el curado.
Mi recomendación es clara: elige la mezcla por el uso, mide siempre con el mismo recipiente y añade el agua con paciencia. Si el elemento va a soportar cargas, forma parte de la estructura o debe durar décadas en el exterior, una dosificación profesional cuesta menos que reparar una obra que se ha agrietado o perdido resistencia.